Pisar un lugar donde la miseria es moneda corriente. Y no aquella
miseria material, sino la otra: la que no se ve, la que carcome el alma, la que
absorbe el corazón. Pisar un lugar donde habita esa miseria. Pisarlo e irte. Darte
vuelta, concentrarte en tu destino; ese destino propio que crees te aleja de
esa miseria. Ese destino, tu propia miseria. Tan destino es, que se transforma
en miseria. Tomás distancia, estás a salvo. Estás en tu miseria, la conocés, no
te asusta. Comparás y te consolás. Este accidente llamado vida destinó miserias
peores a otras personas peores. Te sentís a salvo. Miserablemente a salvo.
Hasta que te asquea tu comparación, caíste en la peor de las miserias. Sos el
peor. Debés salir corriendo a conocer otras vidas, otras miserias. Para
sentirte mejor, menos miserable. Menos inhumano.

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