Harry Truman
Dejás todo lo que estás haciendo.
Decidiste salir a caminar para encontrarte. Hace mucho que no lográs hacerlo.
Pensás que siempre estás buscándote cuando en realidad te atrasas en tu
pesquisa por miedo a verte en el espejo. Hoy no, ya decidiste salir. Y lo
hiciste sabiendo que quizás no te guste llegar al pie del arco iris. Tenés
miedo de llegar, es imposible cerrar las heridas en un solo día, pero tenés
miedo que se vuelva posible, que se figure tangible. Dejás todo. Todo
desordenado, todo en espera, todo a la deriva. O eso creés. Aunque decidiste
salir y estás a unos pasos, te sentís ahogado. Esos pasos no transcurren más,
necesitás estar afuera. El cielo brilla, no tiene un solo algodón que te nuble
los pensamientos y los pulmones se te llenan de aire. La mente también. Caminás
sin rumbo y añorás algún cigarro que nunca ayuda. Deambulás lejos de caras
conocidas, muy lejos de calles con recuerdos. Y pensás en dejar todo. Pero no
sabés qué es todo. Eso te da miedo y te paralizás. Mejor te quedas con una de esas
cosas, por si las dudas. O con dos, mejor. O con todo. O con todo y con ella.
Sí, por qué no. Debe ser peor salir a caminar buscando vida, buscando miedos
nuevos.

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